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Recientemente, el podcast de Marc Vidal se ha hecho eco del informe de la firma de análisis macroeconómico Citrini Research en el que realiza un ejercicio prospectivo titulado «2028 Global Intelligence Crisis«. Lejos del catastrofismo infundado, el documento presenta una disección clínica de los riesgos sistémicos derivados de una adopción tecnológica hiper-eficiente. Tal y como señala el analista Roberto Chamorro, el impacto de este modelo en los mercados financieros ha eclipsado a informes de entidades tradicionales como Goldman Sachs. El núcleo del problema no es que la Inteligencia Artificial falle, sino que funcione de manera óptima, catalizando una disrupción macroeconómica sin precedentes.
El postulado central del informe es la «Paradoja de la Inteligencia». Históricamente, el sistema de precios de la economía del conocimiento se ha anclado en la escasez del capital cognitivo humano. Sin embargo, a medida que la IA mercantiliza la capacidad de analizar, decidir y coordinar, el valor de las corporaciones fundamentadas en el arbitraje de conocimiento se evapora, transformando la disrupción tecnológica en canibalización pura. El mercado ya está internalizando esta deflación de los servicios cognitivos. Por ejemplo, caídas abruptas en la capitalización de IBM tras la automatización de código COBOL mediante el desarrollo Claude de Anthropic, o las severas correcciones en CrowdStrike y Datadog ante herramientas de ciberseguridad automatizadas, evidencian esta rápida erosión de la escasez.





Creo estar de acuerdo con la mayoría de españoles cuando pienso que la disparatada lista de peticiones que los socios independentistas de Sánchez vienen desgranando desde prácticamente la noche misma de las Elecciones Generales del 26 de julio con el objetivo darle sus votos de cara a la investidura nos tiene a todos entre alarmados y desconcertados.

