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En el debate político contemporáneo se ha consolidado la idea de que el fascismo es un fenómeno exclusivamente asociado a la derecha. La experiencia histórica del siglo XX —especialmente en los regímenes de Benito Mussolini en Italia o de Adolf Hitler en Alemania— ha contribuido a fijar esta percepción en el imaginario colectivo. Sin embargo, diversos estudios académicos recuerdan que el fascismo es, ante todo, una forma de organización política caracterizada por el autoritarismo, el antiliberalismo y la subordinación del individuo al Estado o a la colectividad.
En términos doctrinales, el fascismo se define por la primacía absoluta del Estado o de la nación sobre la libertad individual, la movilización política de masas y el rechazo a la democracia liberal. Por ello, estas características lo convierten en una ideología profundamente antiliberal y totalitaria, en la que la pluralidad política y la autonomía del individuo quedan subordinadas a un proyecto colectivo dirigido por una élite o por un líder fuerte.
De esta manera, aunque históricamente el movimiento fascista se desarrolló en un entorno determinado (básica y únicamente en la Italia de Mussolini), algunos politólogos han señalado que precisamente ese fascismo comparte rasgos estructurales con otros movimientos políticos radicales que buscan sustituir el pluralismo liberal por formas de organización política totalizantes. De hecho, diversos estudios subrayan que el fascismo surgió en un contexto intelectual donde confluyeron corrientes radicales tanto de derechas como de izquierdas que coincidían en su rechazo a la democracia liberal y en su aspiración de construir un “nuevo Estado” que subordinara la sociedad a un proyecto político total.







Creo estar de acuerdo con la mayoría de españoles cuando pienso que la disparatada lista de peticiones que los socios independentistas de Sánchez vienen desgranando desde prácticamente la noche misma de las Elecciones Generales del 26 de julio con el objetivo darle sus votos de cara a la investidura nos tiene a todos entre alarmados y desconcertados.