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Durante muchos años nos dijeron que el mundo había cambiado, que el derecho internacional, las instituciones multilaterales y la cooperación entre estados habían sustituido a la vieja política de las grandes potencias y también que la soberanía de los países era inviolable y que las guerras de conquista pertenecían al pasado, pero basta observar lo que está ocurriendo en los últimos años para sospechar que ese mundo quizá nunca llegó a existir del todo.
Durante la Guerra Fría, el planeta se organizaba en torno a grandes alianzas. Dos bloques enfrentados —el liderado por Estados Unidos y el encabezado por la Unión Soviética— competían por influencia política, militar e ideológica. El paradigma era que cada uno protegía a sus aliados y trataba de ampliar su esfera de poder basándose en la lógica oficial de las alianzas; en definitiva, países que cooperaban para defenderse mutuamente.
Hoy parece que esa coherencia está siendo sustituida por otra más antigua y más cruda: la de las zonas de influencia.


