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Firmes

Firmes

Firmes, en esa castrense posición aguantaron los militares que habían acudido a mostrar su oferta formativaal Salón de la enseñanza de Barcelona el bochornoso espectáculo de una treintena de mermados que ese día habían decidido sacar el disfraz y la pose de antimilitaristas de su fondo de armario para dar la nota.

Dignos y discretos, sin hablar, sin opinar, sin contestar a unas provocaciones tan hilarantes y grotescas como los personajes que las proferían. Firmes.

En su línea, con la gallardía y determinación marcada en el semblante, sin ceder un paso ante los insultos o a quienes se degradan profiriéndolos. Firmes.

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El complot

EL COMPLOT

 

Asiduo lector como soy a las excelentes «ficciones históricas» de Santiago Posteguillo y su inigualable manera de relatar los sucesos y avatares del siempre fascinante imperio romano, las declaración ante el Tribunal Supremo del mayor de los Mossos, José Luis Trapero, en relación con los sucesos relacionados con su gestión en los días del prusés, aquellos de la república sí, pero no, pero luego, pero adiós, en la que relata que tenían preparada la detención del presidente y todo su gobierno tras la proclamación de la república catalana, me han dejado perplejo, pero solo por un instante, lo reconozco.

Al oír la noticia me he sorprendido a mí mismo imaginando un remedo de complot pretoriano en el seno de tan controvertido cuerpo policial para detener, después de una declaración unilateral de independencia que no fue, al fugado Puigdemont, a la sazón presidente de la Generalidad catalana.

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Las armas del siglo XXI

 

manifestación

 

Yo soy mucho de pelis de romanos, lo reconozco.

Desde siempre he sentido predilección por este género cinematográfico en el que no sólo ha influido la épica del cine, a menudo reñida con la realidad histórica, sino la admiración que me despierta la organización del ejército romano, precursor de técnicas y tácticas que —algunas—aún perduran en nuestras modernas milicias.

Correlativa a esta admiración, por razones de contemporaneidad, lo es también mi inclinación por el género bélico actual, desde la Segunda Guerra Mundial hasta las actuales contiendas y escaramuzas en Oriente Medio, con la amenaza islamista en constante confrontación con occidente y el resto del mundo.

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Aznar, Pepe y su perro

Aznar

 

Personalmente opino que, dado el monumental repaso que José María Aznar dio ayer a los componentes de la Comisión de Investigación encargada de mantener vivo el odio hacia el Partido Popular y todo lo que le rodea, no creo que tengan ganas de repetir confrontación.

Como cualquiera, Aznar tiene su pasado político, eso es innegable, pero también lo son logros conseguidos para un país que heredó devastado como también le sucedió, a mayor escala, a Mariano Rajoy gracias a las recurrentemente nefastas políticas socialistas que regularmente nos asolan.

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El mono y la banana

mono y banana

En algún lugar leí, tiempo atrás, que los pigmeos centroafricanos, utilizaban una curiosa técnica para cazar monos, animal escurridizo y difícil de atrapar al cual, sin embargo, esta raza conseguía apresar utilizando la astucia con la que vienen supliendo con creces su escasa estatura.

La estratagema consiste en fabricar una pequeña jaula con barrotes de madera muy juntos entre sí y colocar dentro una banana al alcance de la mano del primate de manera que, al verla, el mono introduzca su mano dentro de la jaula para hacerse con aquella.

Hasta ahí todo bien para el mono.

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Libertad de expresión

Libertad de expresión

La libertad de expresión, como todos los derechos fundamentales no es un derecho absoluto, es algo que cabe recordar porque, aunque parezca obvio y por mucho que a veces se nos llene la boca con el adjetivo ­—fundamental—en ningún caso puede entenderse como una facultad de libre e incondicional disposición por nuestra parte.

Antes al contrario, incluso aquellos que, a priori, pudieran parecer más absolutos como el derecho a la vida, no lo son, por cuanto nadie puede disponer de la vida de otro, como es natural.

En general, cualquier derecho tiene su límite en la colisión con el resto, de tal manera que su ejercicio será lícito y cabal en tanto en cuanto no se contraponga a algún otro, más aún si su práctica colisiona frontalmente con aquél.

Puede parecer evidente, pero, a la vista de los acontecimientos recientes que afectan a la libertad de expresión y de cómo sectores interesados de la sociedad los están interpretando, parece ser que no lo es tanto.

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Al final, siempre la Guardia Civil

Guardia Civil

El desenlace del caso Diana Quer ha vuelto a poner de manifiesto la dinámica social de esta sociedad en la que nos ha tocado vivir y cómo cada uno de los actores que la forman maneja o manipula su materia prima según su leal saber o entender, que dirían los clásicos.

Al caso no le han faltado actores, investigadores, jueces, periodistas, periódicos y medios en general, opinadores, tertulianos, médiums y gente de todo tipo y condición, cada cual jugando sus cartas y arrimando el ascua a su sardina.

El ruido, en forma de —desinformada—opinión no ha faltado. Cohortes de medios alimentados con el atronador murmullo de internet se han hartado de soltar sandeces sobre el tema. La malograda Diana estaba huida, enfadada con sus padres, con la sociedad, era de natural voluble y reacciones impredecibles, todo sea dicho con el debido respeto a quién ya nos ha dejado para siempre. Su familia era una mezcla de gente rica con graves problemas de naturaleza difusa, una especie de Falcon Crest pero sin viñedos ni tanta laca y todo el entorno familiar se vio rodeado, sin serlo realmente, de un halo de pérfido misterio que, en ocasiones llegaba incluso a bordear la autoría o complicidad de unos hechos de los que está claro que no tuvieron nada que ver. Sólo faltaba.

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La nana de Solbes

Solbes

Del peregrinaje de los ex presidentes del Gobierno por la comisión de investigación sobre la crisis financiera que ha tenido lugar durante esta semana, he de reconocer que, más allá de la comparecencia, francamente mejorable en las formas de Rodrigo Rato, lo que realmente me ha revuelto las entrañas es la de Pedro Solbes, a la sazón vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda en los años en los que la crisis pasaba de la fragua al inicio de su consolidación.

En aquel momento, ya estaba clara para muchos la dimensión de la gran crisis que se avecinaba y la fuerza con la que iba, de seguro, a impactar particularmente en nuestro país por las especiales características de nuestro sector económico y financiero.

Desde numerosos ámbitos se advertía y se vaticinaba acerca de la pérdida de empleo y las consecuencias que ello conllevaría en la economía y la sociedad española, así como de las vendas con las que curar, en la medida de lo posible, una herida que debió preverse mucho tiempo atrás y sobre la que entonces ya solo se podían llevar a cabo primeros auxilios a la espera de que la infección se propagase.

Como así sucedió.

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De albañiles y otras artes.

Asamblea
Asamblea

Hace unos días, comprobé con desagrado la aparición de unas molestas grietas en mi casa, probablemente debido a lluvias, al desgaste del inmueble o a movimientos geológicos, todo depende de a quién de mis doctos amigos o familiares haya preguntado.

La cuestión es que, por sentido común, me puse en contacto con una empresita de albañilería para que viniesen a examinar los desconchones y me diesen, ellos sí, su opinión sobre su naturaleza y alcance, no fuera a ser que la, por dejadez o irrelevancia, la cosa fuese a mayores y tuviésemos una desgracia.

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Vivir en Paz.

La difícil convivencia en paz en el País Vasco

Que un Gobierno desee la convivencia pacífica de sus ciudadanos es lo normal, lo deseable y habitual, y que convoque o se adhiera a manifestaciones que la reivindican no tendría mayor relevancia si no fuese porque esa manifestación está invocada por un colectivo radical de Alsasua y la supuesta paz que reivindican lo es para un grupo de vecinos cuyo sentido de la armonía reside en el hostigamiento y la amenaza perpetua de unos servidores de la ley, vecinos a la par que ellos, cuya labor no entienden y a los que, recientemente han agredido brutalmente hasta mandarlos al hospital cuando se encontraban en compañía de sus mujeres y novias.

Los gudaris del siglo XXI son así, trabajan en grupo, desde la superioridad numérica y sin importarles apalear mujeres.

Décadas de desinformación y obstinada endogamia han acabado por perfeccionar esta exigua legión de tontos útiles.

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