Grecia, ¿un Estado fallido?

imageAunque no existe unanimidad doctrinal en torno a lo que se considera un Estado fallido, podemos partir unos presupuestos básicos en base a los cuales atisbamos si un Estado lo es o se encuentra en riesgo cierto de serlo.

El fallo en la garantía de los servicios básicos es uno de los primeros y más claros síntomas, pero claro, ese fallo no aparece por sí solo, sino que suele venir de la mano de otras evidencias: el fracaso político, que a su vez dimana del fracaso económico. Ya se sabe, lo que no son cuentas, son cuentos y aquí las desgracias nunca vienen solas, más bien en cadena.

El caso de Grecia es paradigmático. El incipiente fallo social, sólo mitigado en parte y de manera perentoria por las inyecciones económicas de la UE y demás organismos en forma de rescate (crédito) es cuestión de tiempo. Recortes en prestaciones públicas, subsidios y salarios no solo son medidas a las puertas, son un hecho consumado.

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¿Nueva política?

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Recientemente he tenido la oportunidad de escuchar en persona a destacados miembros de los nuevos partidos, protagonistas, sin duda, de su éxito en las pasadas elecciones autonómicas y municipales; no en vano, partidos como Podemos o Barcelona en Comú han conseguido colocar a muchos de sus representantes en gobiernos, alcaldías y concejalías y a los propios partidos en un lugar destacado del panorama político nacional.

¿Y cómo lo han conseguido?, pues, según ellos, aplicando nuevos enfoques y novedosas técnicas políticas amparadas en las nuevas tecnologías y en el uso masivo de redes sociales; colocando al ciudadano en primer lugar, haciéndole partícipe del cambio que se proponen llevar a cabo, situando el foco en la persona y no en cuestiones tan rancias y extemporáneas como el partido (entendido a la manera tradicional), el país o la economía.

El bienestar del individuo (y la individua) por encima de todo y al margen de todo.

Simple y bonito, pero falso. Veamos por qué.

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Política y lugares comunes.

La nueva política nos inunda, nos rodea, nos sobrepasa por todos lados.

La nueva política se presenta ante nosotros como hija del hastío, necesitada de cambio en las formas, en los modos, en los tiempos y, como no, en las personas.

La nueva política nace de abajo a arriba, nos dicen, desde la representación de los grupos sociales, desde los movimientos ciudadanos, desde las ciudades, los barrios, desde las calles y siempre partiendo de la contraposición entre clases, oponiéndose a la política tradicional, hecha de arriba hacia abajo, fruto de la inspiración de un líder que ofrece una solución a problemas que sólo él ve y que sólo su partido es capaz de solucionar.

España ocupa, en esta revolución un lugar destacado, no en vano, el movimiento Ocupy Wall Street toma su ideario, formas y maneras de nuestro 15M, lo cual otorga a nuestro país el dudoso honor de liderar un modelo de frente populista e hiperpolitizado que se ha exportado con éxito a otros países, como el caso citado, que sitúa a los todopoderosos Estados Unidos detrás nuestro en estas cosas. El tiempo dirá si esto es un honor o acabará siendo un horror, pero eso es otra cuestión.

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