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Llevamos semanas asistiendo ya no sólo al vergonzoso desmoronamiento del Gobierno español a base de escándalos de corrupción encadenados, sino también al de la imagen beatífica de su faro moral , el ex presidente Zapatero, e incluso me atrevería a decir que al del partido de ambos y, en todos los casos, el común denominador es la sorprendente naturalidad, cuasi descaro, con la que desmienten cargos e imputaciones que, a priori, harían palidecer al más pintado bien por la gravedad, bien por la contundencia probatoria de los mismos.
Pero como digo, estos dos, tienen muy claro que el relato manda y que hay que imponer a toda costa uno que diga que se trata de una persecución política y que todas y cada una de las imputaciones pertenecen a una inventada de los jueces a la que, paciente y maliciosamente, tanto la Guardia Civil como la Policía se han encargado de dar forma.