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Llevamos semanas asistiendo ya no sólo al vergonzoso desmoronamiento del Gobierno español a base de escándalos de corrupción encadenados, sino también al de la imagen beatífica de su faro moral , el ex presidente Zapatero, e incluso me atrevería a decir que al del partido de ambos y, en todos los casos, el común denominador es la sorprendente naturalidad, cuasi descaro, con la que desmienten cargos e imputaciones que, a priori, harían palidecer al más pintado bien por la gravedad, bien por la contundencia probatoria de los mismos.
Pero como digo, estos dos, tienen muy claro que el relato manda y que hay que imponer a toda costa uno que diga que se trata de una persecución política y que todas y cada una de las imputaciones pertenecen a una inventada de los jueces a la que, paciente y maliciosamente, tanto la Guardia Civil como la Policía se han encargado de dar forma.
Todo parece provenir de un claro manual de resistencia (no confundir con el libro), o de un argumentario de esos que te mandan los que pretenden pensar por ti para que no saques los pies del plato intentando justificar lo injustificable, o simplemente de esa innata reacción humana de huir hacia adelante cuando las cosas se ponen feas, vaya usted a saber.
Pero, ¿qué hace un líder político actual cuando lo pillan en un caso de corrupción?.
Sea como fuere y diga yo lo que diga, parece que existe un manual no escrito con cinco pasos clave muy concretos basado en una estrategia que busca confundir a los ciudadanos y evadir la justicia. Por ese orden.
Veamos cómo funciona exactamente este método paso a paso.
La primera gran regla es siempre la negación absoluta. El político acusado debe salir afirmando que todo es mentira y tiene que calificar las graves acusaciones como simples bulos o fango. También es vital atacar a los jueces y declararse víctima de una persecución. Eso es algo que no puede faltar.
El segundo paso del manual consiste en fingir una total ignorancia. Cuando las pruebas resultan evidentes, hay que marcar una clara distancia. El líder dirá con cara de sorpresa que no sabía absolutamente nada y prometerá tomar medidas muy drásticas, aunque luego nunca llegue a cumplirlas realmente. Eso el lo de menos; el papel lo aguanta todo y las palabras se las lleva el viento.
Después de esto, llega siempre el momento de minimizar los daños políticos. El dirigente intentará convencer al público de que son solo casos aislados aunque la lista de escándalos en su entorno sea enorme. El objetivo principal es quitarle toda la importancia a la gravedad del asunto. Aquí no ha pasado nada.
Si la estrategia anterior falla, se recurre siempre al y tú más, momento en el que entran rápidamente en juego otros ministros y periodistas afines que intentarán convencer a todos sus votantes de que los demás son peores, de manera que la gente acabe pensando que todos los políticos son iguales.
Y si todo lo anterior va fallando (que suele pasar), el último gran paso es distraer al ciudadano y lanzar fuertes amenazas con el fin de aburrir a toda la población a base de excretar un exceso continuo de escándalos desviando la atención pública hacia otros temas de actualidad, aunque, si nada de esto funciona, siempre pueden asustar a la gente alertando de la ultraderecha o a la ultraizquierda, según los derroteros políticos de cada cual.
Eso rara vez falla, sobretodo en las filas de acérrimos.
Por último, es extremadamente importante no abandonar del todo a los implicados por parte del líder.
Es vital evitar a toda costa que sus antiguos colaboradores se sientan traicionados, despechados o ambas cosas y les de por tirar de la manta así que hay que inocularles la idea de que, si la justicia aprieta demasiado, siempre les queda la opción del indulto, de manera que el círculo de impunidad quede cerrado y sellado por completo a base de lealtades, mentiras y medias verdades.
En definitiva, piénsese en un manual o en una gran burla a todos los ciudadanos, da igual, la cuestión es que los españoles merecemos mucha más honestidad y respeto de nuestros representantes públicos y ya estamos muy cansados de tantas tácticas ocultas, perfidias, mentiras y manipulaciones constantes.
Tampoco pedimos tanto, sólo líderes que asuman sus responsabilidades reales y que no nos traten como a tontos.