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Brexit

Este año se cumple una década del referéndum que llevó al Reino Unido a abandonar la Unión Europea.

El 23 de junio de 2016, una ajustada mayoría de británicos votó a favor del Brexit y lo que entonces parecía el inicio de una nueva y productiva etapa, con el tiempo se ha convertido en una fuente constante de debate político y social en torno a los numerosos problemas que esta separación ha producido.

Uno de los efectos más visibles ha sido la profunda división que dejó en la sociedad británica ya que el referéndum enfrentó entonces a jóvenes y mayores, a grandes ciudades y a zonas rurales, así como a diferentes regiones del país y, diez años después, muchas de esas diferencias aún permanecen.

También han cambiado las percepciones sobre la inmigración. El Brexit nació, en parte, impulsado por el deseo de controlar las fronteras, sin embargo, el Reino Unido sigue necesitando trabajadores extranjeros en sectores como la sanidad, la agricultura o la hostelería, lo que ha generado nuevas tensiones y debates sobre el modelo migratorio que se pretendía conseguir y que, a juicio de muchos, no sólo no se ha conseguido sino que ha empeorado enormemente el panorama laboral.

Otro aspecto importante ha sido el impacto en la identidad nacional. En Escocia, por ejemplo, el Brexit reactivó el debate sobre la independencia, ya que la mayoría de los escoceses votó por permanecer en la Unión Europea y en Irlanda del Norte, la cuestión de la frontera con la República de Irlanda volvió a convertirse en un asunto sensible.

Como es natural, las consecuencias económicas también han influido en el clima social. Muchas empresas han tenido que adaptarse a nuevos trámites comerciales y no son pocos los ciudadanos que consideran que las ventajas prometidas durante la campaña no se han materializado plenamente, lo que ha alimentado la frustración y el desencanto político.

Ese desgaste ayuda a explicar otro dato llamativo: en solo diez años, Downing Street ha tenido seis primeros ministros. El primero, David Cameron, probablemente el responsable de este desaguisado, dimitió tras perder el referéndum. Le sucedió Theresa May, incapaz de sacar adelante un acuerdo estable con Bruselas.

Después llegó Boris Johnson, que logró ejecutar el Brexit, pero terminó dimitiendo por diversos escándalos políticos. Su sucesora, Liz Truss apenas permaneció unas semanas en el cargo tras una crisis financiera provocada por sus medidas económicas. Más tarde asumió el liderazgo Rishi Sunak y, finalmente, las elecciones llevaron al poder a Keir Starmer, quien ha sido obligado a dimitir por su propio partido en favor, al parecer, de Andy Burnham, quien espera tomar el relevo el 20 de julio dado que es el favorito y de, momento, único candidato en las primarias laboristas que promete que su Gobierno descentralizará el Estado como manera de luchar contra el declive del país, especialmente fuera de Londres.

Esta apabullante sucesión de líderes refleja que el Brexit no solo transformó la relación del Reino Unido con Europa, sino que también alteró profundamente la política británica hasta el punto de que, diez años después, el país sigue buscando un nuevo equilibrio entre las expectativas generadas en 2016 y los desafíos de la actualidad.

Sea como fuere, para los Británicos, el Brexit ya no es una promesa ni una amenaza; es una realidad  en la que, visto el desfile de inquilinos de Downing Street, quizá el único sector que realmente ha disfrutado de una década de pleno empleo ha sido el de los fabricantes de placas para la puerta del número 10.

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