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Hoy comenzamos una nueva sección de noticias semanales en la que os iré contando lo más destacado, a mi juicio, de la actualidad tecnológica.
La carrera por gobernar nuestros teléfonos móviles acaba de pisar el acelerador con un cruce de estrategias bastante inesperado. Mientras Google mueve ficha integrando su inteligencia artificial Gemini de forma nativa en los terminales para permitir órdenes de voz mucho más fluidas, Apple prepara su propia respuesta. Todo apunta a que su próxima conferencia de desarrolladores servirá para presentar una versión de Siri capaz de comprender el contexto de las conversaciones, dejando atrás su papel de simple ejecutora de comandos básicos. Lo más llamativo de esta competición es el fuerte rumor sobre una posible colaboración técnica entre ambas marcas para desarrollar el cerebro de este nuevo asistente. Nada nuevo, se trata de una relación de conveniencia viene de lejos: aunque compiten duramente en la venta de equipos, Google abona a la compañía de la manzana hasta veinte mil millones de euros anuales para mantenerse como el buscador por defecto en el navegador Safari.
En el terreno del hardware también hay movimientos muy prácticos. El concepto de ordenador ligero evoluciona con la llegada de los nuevos Googlebooks, unos equipos que toman el relevo de los conocidos Chromebooks. La novedad de estas máquinas reside en su diseño funcional, ya que incorporan herramientas desarrolladas junto a la división DeepMind, como un puntero inteligente capaz de analizar lo que ocurre en la pantalla para sugerir acciones inmediatas al usuario. Todo este volumen de procesamiento requerirá conexiones a internet mucho más veloces, un obstáculo que ya empieza a superarse con las primeras pruebas de las redes wifi de sexta generación, diseñadas para operar directamente con algoritmos predictivos.
Sin embargo, ceder tanto poder de decisión al código informático tiene un lado oscuro que preocupa a los especialistas en seguridad. La firma de análisis Palisade Research ha dado la voz de alarma al detectar que los delincuentes informáticos están utilizando estos mismos sistemas automatizados para rastrear redes corporativas. El peligro real ya no es que encuentren fallos en las defensas, sino que estos programas son capaces de escribir su propio código de ataque de forma autónoma, sin necesidad de que una persona intervenga. Mientras las empresas occidentales intentan tapar estas brechas, el tablero internacional se tensa con el empuje de la plataforma asiática DeepSeek, que acaba de lanzar nuevas funciones para disputarle el control a Estados Unidos en un mercado donde el líder cambia casi cada semana.