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03.feb.2026

He estado siguiendo de cerca los continuos tropiezos de Microsoft en este arranque de año 2026. Si hace unos días comentaba los problemas recientes de Windows 11 con las secuencias de arranque, el apagado y el almacenamiento en la nube, el panorama se ha vuelto a complicar. En esta ocasión, el origen de la inestabilidad está perfectamente identificado: una nueva actualización opcional, etiquetada como KB5074105, que está afectando severamente a los equipos que ejecutan las versiones 24H2 y 25H2 del sistema operativo.
Lejos de estabilizar el entorno, este parche introduce regresiones operativas bastante molestas. A nivel de periféricos, el impacto más crítico se lo llevan las cámaras web, que experimentan un parpadeo constante o incluso un apagado total precisamente en el peor momento: al utilizar las aplicaciones de reuniones, que son las que más demandan este componente. A esto se suman problemas visuales y de renderizado en la interfaz; las aplicaciones y widgets de la pantalla de bloqueo se cierran de forma inesperada tras mostrarse un instante, y la barra de tareas sufre un retraso notable a la hora de aparecer tras un reinicio del equipo.
Lo interesante de este caso es el vector de entrada de la actualización. Al tratarse de un parche opcional, no se despliega masivamente por defecto. Solo se instala en aquellos ordenadores en los que el usuario tiene activada la casilla «Recibe las últimas actualizaciones tan pronto como estén disponibles» dentro de la configuración de Windows Update. En la práctica, mantener esta directiva habilitada implica permitir que el sistema instale actualizaciones de prueba, en lugar de recibir únicamente las versiones finales y estables.
Para solucionar o mitigar este fallo, la recomendación es acceder a dicha configuración y desactivar esa opción. Como medida de contención adicional o temporal, también se puede recurrir a la función de pausar la búsqueda de actualizaciones durante un plazo de dos semanas, lo que evitará la instalación impulsiva de estos parches.
Más allá de este fallo técnico concreto, la acumulación de estos errores erosiona profundamente la confianza del usuario y daña la imagen de marca de Microsoft. Windows 11 aspiraba a consolidarse como una transición tranquila y fiable desde Windows 10, pero estas incidencias continuas en sus iteraciones no hacen más que legitimar las críticas y dar alas a los defensores de Linux y del software libre.

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