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Escuchando el reciente llamamiento a la huelga general de la eurodiputada de Podemos, Irene Montero, otrora ministra de igualdad del Gobierno de España y actual eurodiputada, reafirmo mi añeja tesis de que este tipo de diatribas a las que, por desgracia, nos tiene acostumbrados no son sino la confirmación sus pensamientos se centran en una premisa:
Somos idiotas.
Con todo el cuajo y el rostro pétreo de que es capaz, pero sin que se le borre esa sonrisa cínica y cuasi psicopática, nos propone esta protesta con el objetivo de conseguir trabajar menos y ganar más.
Parece una simple frase sacada de un libro de autoayuda barato, pero la realidad es que no hay más y a la señora Montero no se le ocurren mejores ideas que proponer esta brillante solución desde su escaño europeo y con su cómodo sueldo de cinco cifras al mes mientras muchos ciudadanos trabajan duramente los 365 días del año para poder ganarse el pan.
Sé que son lugares comunes disfrazados de rancia ideología, que no son más que discursos vacíos y aprendidos de memoria para contentar a un público cada vez menos numeroso y a la vez más resentido, pero no me negarán que hay que tenerlos cuadrados pedir una huelga por la crisis de vivienda cuando su propio partido ha estado gobernando y tomando decisiones en materia de igualdad (ella misma) y su marido en lo referente a economía, ergo, han sido ellos quienes han dictado las leyes que nos han traído aquí y no ha sido sino su propia gestión la causa inmediata del verdadero desastre que padece actualmente la clase trabajadora a quienes ellos simulan pertenecer y aparentan defender.
Han intentado intervenir el mercado inmobiliario y, de facto, han hecho lo propio con el de la vivienda de alquiler, cercenando, de paso, la seguridad jurídica de los propietarios, a quienes tienen como enemigos acérrimos en lugar de como simples proveedores de servicios. Al intervenir el mercado y amordazar a los propietarios con leyes que les privan de sus derechos más elementales, muchos han decidido abandonar la ruleta rusa del alquiler, y sacar sus viviendas del mercado.
Consecuentemente, al disminuir el parque de vivienda en arriendo, los precios han subido sin ningún control, hundiendo así la oferta de pisos de forma dramática. Por tanto,resulta fácil entender que no han sido sino sus propias medidas nos han llevado al desastre actual y ahora tienen la desfachatez de pedirnos que protestemos en la calle contra políticas delirantes y sectarias que ellos mismos han creado. De locos.
Con todo, esta serie de estupideces propias de quien tiene que contentar a su parroquia pero no verdaderos argumentos para hacerlo, no son la única gran contradicción en todo este discurso, ya que conviene no olvidar que Podemos tiene representación actual en el Congreso de los Diputados (4 diputados integrados dentro del Grupo Mixto) y, por ello, si la situación es tan insostenible, deberían usar las herramientas políticas que tienen a su alcance para poner fin a la catastrófica deriva económica y social que sufre el país durante los años en los que han formado parte del Gobierno, instando una posible moción de censura y sumando sus votos al de otros grupos favorables a la medida para que saliera adelante.
En lugar de incendiar las calles, deberían hacer bien su trabajo. Si creen que el Gobierno actúa mal, deben tomar medidas reales. Simple.
Resulta muy fácil jugar a ser Robin Hood desde la distancia pero no tiene ningún sentido pedir huelgas cuando tienes poder para cambiar las cosas.
Los ciudadanos estamos muy cansados de que nos tomen el pelo y hay algo que les debe quedar muy clara a todos estos políticos. Este país no se levanta motivando a la gente a no trabajar. España se levanta madrugando, emprendiendo con esfuerzo y sudando la camiseta.
Así lo hicieron siempre nuestros padres, nuestros abuelos, sus padres y sus abuelos.
En el mundo real, quien no se esfuerza no obtiene resultados, esa es una lección básica que todos los trabajadores humildes conocemos, por tanto, déjense de huelgas generales y pónganse a trabajar duro. Los españoles necesitamos referentes serios, mucho más respeto y menos cuentos.
Necesitamos que hagan su trabajo para que nosotros podamos hacer el nuestro.