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José Luis Ábalos

Ayer, y en referencia a su supuesta reunión con la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodriguez, el ministro de Fomento, José Luis Ábalos manifestó, con evidente tono chulesco y desabrido que “él está en política para quedarse” y que “a él no le echa nadie”.

Dos afirmaciones que en política cabría calificar de error de bulto o de chulería barriobajera si no fuera porque bajo las mismas subyace la verdadera intención de todo un aprendiz de dictador de izquierdas, buen discípulo de su señor, el presidente Sánchez, aunque a estas alturas no se sepa bien a las claras quién es el discípulo y quien el maestro o quien ha aprendido más de quién.

Porque estos, como buenos representantes de la ultraizquierda más rancia, en quienes se apoyan, han venido para quedarse, cierto es, y para ello no dudarán en pervertir el sistema hasta la médula, hacerlo tambalear y finalmente caer, una vez desprovisto de sus amarres y pilares más importantes, esos que van desde la familia hasta el Poder Judicial, comenzando, como no puede ser de otra manera, por la Constitución, a la que no pararán de acometer hasta reducir a un texto semántico bajo el cual se escondan sus verdaderas intenciones: perpetuarse en el poder.

De eso saben mucho sus socios de gobierno, no en vano se han ganado la vida implementando estas prácticas en países a los que han arruinado económica, social y moralmente para luego irse a predicar su ideología embustera y falaz hacia otros caladeros de ingenuos y populistas.

En cualquier caso, lo que no se le puede achacar a ministro Ábalos (y es muy de agradecer) es de pervertir el lenguaje ya que, bien por desconocimiento, falta de traza o exceso de confianza, ha sido claro y diáfano, tanto en el verbo como en la intencionalidad que encierra.Como digo, esto es digno de reconocerse en estos tiempos que corren en los que los aprendices de encantadores de víboras, no dudan en malear la palabra para hacer pasar por buenas intenciones lo que no son más que intereses espurios, en el mejor de los casos.

Sea como fuere, para este caso, la complicidad y el beneplácito de podemitas, separatistas y demás ultraizquierdistas ya la tienen, al igual que su (nuestro) dinero, que en definitiva es lo que cuenta.

La pregunta es, ¿tendrán también nuestra indolente aprobación?

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