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AGIT PROP

En mi infancia teníamos en mi clase a un abusón.

Nada nuevo, todas las clases lo tenían, era algo a lo que nos teníamos que acostumbrar por fuerza, nunca mejor dicho, y con resignación.

De hecho, teníamos varios que solían ir en comandita, pero había uno al que teníamos especial miedo.

Alfredo, que así se llamaba el muchacho, tenía una habilidad especial que le hacía doblemente peligroso porque conseguía que sufriésemos su castigo dos veces ya que, justo después de atizarnos la badana cuando le venía en gana y que solía ocurrir a diario, comenzaba a gritar y gesticular como un poseso, hasta el punto de que no era raro verlo retorcerse en el suelo de tal manera que incluso el propio agredido quedaba atónito al no comprender lo que sucedía.

Así, Alfredo conseguía dos objetivos: propinarnos la diaria ración de golpes, pescozones o patadas y, tras llamar a gritos la atención del profesor de turno, conseguir que la víctima fuese castigada como autor del hecho punible ante la impunidad del verdadero culpable.

El colmo.

Por este motivo temíamos más a Alfredito, como osaban a llamarlo sus compinches, que a ningún otro abusón, porque cuando se fijaba en ti, el tortazo injusto era cuestión de tiempo y tras la agresión llegaba un castigo mas inmerecido aún que el sopapo al entender el maestro que el responsable de aquel lance habías sido tú.

Hoy en día, más aún en el terrible momento que estamos atravesando, hay muchos Alfreditos aprovechando para culpar a otros de los desastres que ellos mismos han causado con la intención de que el profesor de turno no se de cuenta de la añagaza y acabe culpando a las víctimas.

Es el caso de nuestro actual Gobierno, versado convenientemente en las artes del agit-prop­ socialcomunista que no duda en culpar de su mala gestión y peores trazas a quienes osan, osamos, criticarles; imputando una suerte de traición a quienes no comulgamos con sus ruedas de molino y tachando de derrotista y traidor a quien no crea la verdad oficial.

Si bien se piensa es lógico pensar que, quienes inventaron y han usado hasta la saciedad estos burdos trucos de mal marketing político, sean también muy buenos usando el antídoto y estén ahora retorciéndose heridos por los suelos tras haber sufrido una agresión que solo existe en sus totalitarias mentes a la espera de que finalmente la realidad acabe siendo la que ellos quieren que sea y no la que realmente es.

Lo único bueno de este patético teatro es que, al final, los Alfreditos de turno siempre acaban cayendo por reiteración de la pantomima y por cansancio de quienes, hartos de comedia y necesitados de soluciones, terminan por comprender la realidad, cansándose y dándoles la espalda a la espera de mejores remedios que les guíen y les gobiernen.

Pero mientras tanto, ellos (y ellas, por supuesto) seguirán haciéndonos creer que los culpables somos nosotros, y que nuestras quejas no son más que ataques rencorosos a una mayoría inexistente de la que ellos son sus mejores exponentes.

¿El problema?, el de siempre…, habrá que ver cómo queda el escenario que haya que recomponer después de tanta pantomima.

3 thoughts on “El abusón

  1. Es cierto… Tenemos muchos alfredos y pocos javieres…. Rezo porque cambie y la gente vea que lo mejor es tener mas javieres y menos alfredos que nos estan quitando la ilusion y los dineros de nuestro futuro….. Gracias por tu esfuerzo y lucha constante… Mucha gente lo valoramos como se merece…..

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