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Firmes

Firmes, en esa castrense posición aguantaron los militares que habían acudido a mostrar su oferta formativaal Salón de la enseñanza de Barcelona el bochornoso espectáculo de una treintena de mermados que ese día habían decidido sacar el disfraz y la pose de antimilitaristas de su fondo de armario para dar la nota.

Dignos y discretos, sin hablar, sin opinar, sin contestar a unas provocaciones tan hilarantes y grotescas como los personajes que las proferían. Firmes.

En su línea, con la gallardía y determinación marcada en el semblante, sin ceder un paso ante los insultos o a quienes se degradan profiriéndolos. Firmes.

Y firmes, en silencio, pero con la firmeza propia del cumplimiento del deber acudirán, finalizada su labor en el Salón, a cualquier otro lugar, servicio o misión que se les encomiende, sin objetar ni rechistar, y con su mente ocupada en cómo realizar la labor encomendada de la mejor forma posible.

Seguros, aunque no lo verbalicen, de que nunca faltarán adversarios extranjeros y enemigos de casa que, desde el confort de unos hogares y unas vidas seguras gracias a ellos, se entretendrán en injuriarles con tan poco tino como razón o en convertir el atraque de un navío español en un puerto ­(español) en un cuestión de ofensa y agravio.

Agravio que no se percibe, cuando unidades de la UME se despliegan en cualesquiera de las catástrofes naturales o desgracias que, a menudo, sacuden a nuestra tranquila sociedad; o cuando un Alakrana cualquiera se ve secuestrado por piratas.

Allí y siempre actuarán, con la firmeza y decisión que la situación requiera, sin reclamar después protagonismo alguno y continuarán, si es necesario, donde los activistas no hayan aparecido y cuando los políticos se hayan marchado y las cámaras se apaguen.

No voy a decir que sean héroes por permanecer firmes ante treinta mindundis cargados de complejos, seguro como estoy de que incluso ellos mismos me lo recriminarían; porque las heroicidades de nuestros militares provienen de escenarios lejanos, cercanos e ignorados, pero digamos que en, este caso, su mayor virtud, sin duda, ha sido la de ser pacientes.

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