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EL COMPLOT

 

Asiduo lector como soy a las excelentes «ficciones históricas» de Santiago Posteguillo y su inigualable manera de relatar los sucesos y avatares del siempre fascinante imperio romano, las declaración ante el Tribunal Supremo del mayor de los Mossos, José Luis Trapero, en relación con los sucesos relacionados con su gestión en los días del prusés, aquellos de la república sí, pero no, pero luego, pero adiós, en la que relata que tenían preparada la detención del presidente y todo su gobierno tras la proclamación de la república catalana, me han dejado perplejo, pero solo por un instante, lo reconozco.

Al oír la noticia me he sorprendido a mí mismo imaginando un remedo de complot pretoriano en el seno de tan controvertido cuerpo policial para detener, después de una declaración unilateral de independencia que no fue, al fugado Puigdemont, a la sazón presidente de la Generalidad catalana.

Total, que al final no hubo ni declaración ni detención, pero bueno, vayamos por partes.

Sin quererlo —o si—, he imaginado las intrigas, artimañas y añagazas que quienes rodeaban al mando policial e incluso las suyas propias para la consecución de tan curioso y disparatado objetivo.

Curioso por la astracanada con la que se descuelga este —por otra parte inteligente— personaje, que probablemente a estas alturas aún continúe pensando que a este lado de su república imaginaria abundan tantos tontos crédulos como al otro.

Y disparatada porque cualquier ficción relacionada con el tema propuesto se torna, aunque no se quiera, en un sainete en el que la pugna por ver quién desempeña el personaje mas timorato, zafio o torpe —caso de ser cierta su versión— tuvo que ser, a la fuerza, encarnizada.

Perdóneseme la chanza, pero es que, cuando trato de imaginarme el cuadro, sólo me viene a la cabeza un escenario bufo en el que una policía temerosa y politizada urde un plan para detener a un político valerosamente cobarde donde todos se miran de reojo y mascullan por lo bajini maquinaciones de todo a cien que ni unos se atreven a iniciar ni otros alcanzan siquiera a imaginar, dada la tremenda miopía social y personal en la que se encontraba —y se encuentra aún a día de hoy— inmerso el molt  (poco) honorable presidente catalán.

Si al conjunto le añadimos una sintonía a base de piezas selectas de Benny Hill, la chapuza termina siendo hasta graciosa…

Nada que ver con aquellos valerosos senadores romanos que a menudo describe Posteguillo, siempre auxiliados por soldados, legati, tribunos, patricios, plebeyos, libertos, gladiadores y hasta esclavos —que de todo había y todos eran necesarios—que, poniendo la suya en juego, acabaron con la vida, nada menos que de emperadores como Cómodo o antes Domiciano, mucho más poderosos y letales que el piloso president.

Por eso, ayer, al escuchar tamaño dislate, pese a lo altivo, grave y circunspecto del personaje y tras detener mis quehaceres un instante, continué con ellos convencido de que, en el fondo, los andares desgarbados del tipo, solo son la premonición y el gesto visible de lo que realmente es.

Sólo es un torpe.

One thought on “El complot

  1. El error lo tiene al decir, que tenía un plan para detener al presidente y consejeros siempre que se proclamara la república catalana
    La república se proclamo, y no hizo ningún movimiento para detener a todo el gobierno de la Generalitat. Por lo tanto miente, pero hace esa declaración esperando que cuando él sea juzgado se le tenga en cuenta, que él estaba con la ley.
    Cómo testigo a mentido, por lo tanto además de torpe es un mentiroso

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