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El nacimiento de la informática de consumo que hoy impera en los negocios se debe en gran medida a la aparición de herramientas que demostraron el verdadero potencial productivo de los ordenadores. El artífice indiscutible de este cambio de paradigma fue Dan Bricklin, el creador de VisiCalc, la primera hoja de cálculo electrónica comercial del mundo. Nacido en Filadelfia en mil novecientos cincuenta y uno, este ingeniero graduado en el MIT comprendió muy pronto que el éxito del software radicaba en simplificar el funcionamiento interno para que el usuario pudiera resolver tareas cotidianas sin esfuerzo.
Fue durante sus estudios de posgrado en la Universidad de Harvard cuando Bricklin ideó una pantalla estructurada en cuadrículas de filas y columnas que fuera capaz de recalcular de manera automática todos los balances financieros ante el más mínimo cambio de un número. Para materializar su visión, unió fuerzas en mil novecientos setenta y ocho con Bob Frankston, con quien fundó la empresa Software Arts. Juntos optimizaron el código del programa de forma milimétrica para que pudiera ejecutarse en las modestas máquinas Apple II de la época, que disponían de escasa memoria. El programa se convirtió en la primera «aplicación asesina» de la historia, impulsando las ventas del hardware de Apple de forma colosal, pues las empresas adquirían el ordenador únicamente para poder utilizar VisiCalc.
A pesar de los sonados éxitos comerciales, los litigios legales por los derechos de distribución con la firma VisiCorp, dirigida por Dan Fylstra, terminaron desgastando el proyecto y facilitaron que competidores posteriores como Lotus 1-2-3 ganaran el mercado. No obstante, Bricklin continuó creando software práctico a través de su firma Software Garden, dejando tras de sí un legado conceptual insustituible que hoy da forma a herramientas diarias como Microsoft Excel y Google Sheets.