Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 2 segundos
A simple vista, el balón utilizado en el terreno de juego de la última Copa Mundial de Fútbol puede parecer idéntico a cualquier esfera de cuero tradicional, pero en su interior esconde una proeza de la ingeniería electrónica y de materiales. Se trata del Adidas Trionda, un dispositivo inteligente diseñado para recopilar parámetros físicos en tiempo real y enviar información de manera instantánea a los sistemas de videoarbitraje y fuera de juego semiautomático.
El núcleo de esta innovación radica en un sensor interno de tecnología electromecánica microscópica, similar a la que emplean los giroscopios de los teléfonos inteligentes, capaz de registrar el movimiento del esférico quinientas veces por segundo. El sistema mide la velocidad, aceleraciones tridimensionales, rotación sobre el eje y el instante exacto en que una bota entra en contacto con el cuero. En una jugada típica de diez segundos, el balón transmite entre cincuenta mil y cien mil datos físicos de manera inalámbrica. Para sobrevivir a los brutales impactos de las patadas y los postes del estadio, el chip no está pegado a la pared del balón, sino suspendido exactamente en el centro geométrico mediante un ligerísimo arnés de sujeción que absorbe las vibraciones y una carcasa de polímeros de alta resistencia, alimentado por una diminuta batería de estado sólido recargable por inducción.
Su diseño exterior también responde a meticulosos estudios de dinámica de fluidos. El Trionda está constituido por solo cuatro grandes paneles termosellados, a diferencia de los treinta y dos que presentaban balones clásicos como el mítico Azteca del mundial de mil novecientos ochenta y seis. Esta drástica reducción de costuras, unida a una superficie texturizada con microrrelieves, optimiza la aerodinámica durante el vuelo, estabilizando la trayectoria del balón y ofreciendo un comportamiento predecible bajo el agua.