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23.feb.2024
La convergencia entre biometría y criptoeconomía está generando escenarios preocupantes. Me refiero al fenómeno de Worldcoin, impulsado por Sam Altman, donde miles de usuarios están escaneando su iris en dispositivos «Orbs» a cambio de tokens. Desde un punto de vista técnico, el iris funciona como un identificador único inmutable, superior a la huella dactilar. Worldcoin argumenta que esto es necesario para verificar la «humanidad» frente a los bots de IA. Sin embargo, como experto en tecnología, me alarman las implicaciones de privacidad: ¿dónde se almacenan estos hashes biométricos? ¿Son reversibles? ¿Qué garantías de ciberseguridad existen contra el robo de esta base de datos? La investigación de la AEPD es un paso necesario, pues estamos comercializando nuestra identidad biológica por un valor especulativo.
En otro orden de cosas, la evolución de Neuralink avanza rápidamente. Tras el implante inicial, el primer paciente humano ya ha logrado controlar el cursor de un ratón mediante pensamiento. El plan de escalabilidad es agresivo, con proyecciones de más de 22.000 cirugías para 2030. Esto marca el inicio de la era de los periféricos neuronales, dejando atrás teclados y ratones para la interacción directa mente-máquina.
También quiero destacar una solución de ingeniería casera que ilustra el poder del hardware libre. Un desarrollador, harto del reggaetón de su vecino, creó un dispositivo basado en Raspberry Pi capaz de detectar este género musical mediante IA y lanzar ataques de interferencia al altavoz Bluetooth del vecino. Aunque técnicamente el dispositivo utiliza un algoritmo de clasificación entrenado y un script para saturar la conexión Bluetooth, y a pesar de que su eficacia fue limitada por barreras físicas como las paredes, el concepto plantea debates interesantes sobre la legalidad del uso del espectro y la «legítima defensa» acústica digital.
Por último, la industria móvil parece dirigirse hacia un paradigma «sin apps». Deutsche Telekom ha presentado conceptos donde la interfaz gráfica de aplicaciones es sustituida por un chatbot de IA generativa que ejecuta tareas complejas. Esto eliminaría la necesidad de navegar entre interfaces dispares, centralizando la experiencia de usuario en un único agente inteligente.

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