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01.feb.2024

La intervención regulatoria está reconfigurando el mapa tecnológico corporativo. El caso más reciente es el colapso de la adquisición de iRobot por parte de Amazon, una operación valorada en 1.400 millones de euros que fue frustrada por la Comisión Europea. El argumento regulatorio se centró en el riesgo de competencia desleal, sugiriendo que Amazon podría favorecer sus propios productos frente a rivales en su marketplace. El resultado técnico y humano es devastador para iRobot: una reducción del 31% de su plantilla, la salida de su CEO y la cancelación de líneas de I+D en purificadores de aire y cortacéspedes para centrarse únicamente en aspiradoras. En el frente de la innovación de consumo, Apple ha lanzado las Vision Pro. Más allá del precio prohibitivo de 3.499 dólares, lo relevante es la arquitectura interna: un sistema de doble chip (M2 y R1) gestionando pantallas de resolución 4K por ojo y un sistema operativo, visionOS, que promete una integración espacial sin precedentes. Sin embargo, considero que el verdadero hito técnico de este año no es un gadget, sino el avance en la interfaz cerebro-computadora (BCI).Neuralink, la empresa de Elon Musk, ha logrado implantar con éxito su chip «Telepathy» en un cerebro humano. La complejidad técnica es asombrosa: un robot quirúrgico inserta filamentos más finos que un cabello humano para detectar picos neuronales. El objetivo inmediato es médico —permitir la comunicación a personas con parálisis o ELA—, pero la visión a largo plazo de «desbloquear el potencial humano» y controlar dispositivos con el pensamiento plantea un horizonte transhumanista que debemos vigilar de cerca, tanto por sus promesas como por las controversias éticas derivadas de los ensayos anteriores. Finalmente, no puedo dejar de mencionar la propuesta de la Hacienda española para monitorizar todas las transacciones con tarjeta, independientemente del importe. Bajo la justificación de combatir el fraude fiscal y cumplir con exigencias europeas, nos acercamos a un escenario de vigilancia financiera total donde la privacidad de las transacciones, incluso las más triviales, desaparece en favor del big data tributario.

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