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Los robots de reparto ya están aquí, pero todavía no saben convivir con nosotros y, aunque empiezan a formar parte del paisaje urbano de algunas ciudades todavía no estamos adaptados a convivir con esos pequeños vehículos autónomos que transportan comida y otros productos y, aunque sobre el papel, el funcionamiento parece sencillo, los problemas aparecen cuando abandonan los entornos controlados y llegan a las calles reales.

Una acera en mal estado, unas obras, un vehículo mal estacionado o cualquier otro tipo de obstáculo inesperado puede bloquearlos, prueba de ello es que ya se han producido situaciones llamativas, como en Chicago, dónde n robot de reparto llegó a destruir una parada de autobús.

Sin embargo, el problema más importante es el que afecta directamente a los peatones. Estos robots deberían detenerse para permitir el paso de las personas, pero ya se han producido situaciones en las que ocurre justamente lo contrario u son los peatones quienes tienen que apartarse para dejar pasar al robot produciendo situaciones que resultan especialmente complicada para las personas con movilidad reducida o para quienes utilizan una silla de ruedas.

Un robot ocupando buena parte de una acera puede convertirse en una barrera difícil de superar, hasta el punto de que ya se han producido accidentes con lesiones, como en Nueva Jersey, dónde un hombre sufrió una fractura de hombro y una lesión en la cabeza tras chocar con uno de estos vehículos.

No obstante, y a pesar de estos problemas, todo indica que veremos muchos más robots de reparto, ya que un estudio de Transforma Insights calcula que podrían pasar de 28.000 vehículos automatizados en 2025 a 559.000 en 2035.

El motivo es fácil de entender. Las empresas pueden reducir su dependencia de los repartidores humanos y, potencialmente, los costes de algunas entregas, pero todavía existen importantes limitaciones.

La primera es su autonomía. Los modelos actuales tienen un alcance aproximado de 3,2 kilómetros y por eso funcionan mejor en trayectos urbanos y relativamente cortos.

La segunda es la regulación. Muchas ciudades todavía no tienen normas claras sobre su circulación y sus obligaciones. Algunas ya han reaccionado. Chicago, San Francisco y Toronto han establecido restricciones o incluso prohibiciones.

Y a tercera limitación es la privacidad. Estos robots utilizan cámaras para conocer lo que ocurre a su alrededor, lo que significa que pueden captar imágenes de peatones, vehículos y espacios públicos.

Por tanto, el futuro probablemente no consistirá en llenar las ciudades de robots sin control debido a que la tecnología tendrá que avanzar al mismo tiempo que la regulación y porque estos pequeños repartidores pueden hacer entregas más eficientes.

Pero antes tendrán que aprender algo que nosotros llevamos haciendo toda la vida: convivir con los demás usuarios de la calle.

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