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25.sep.2025
La ingeniería de la seguridad vial ha dependido históricamente de soluciones pasivas y estructurales. Un ejemplo claro son los sistemas de contención de vehículos, conocidos como biondas o quitamiedos, regulados por la normativa técnica UNE-EN-1317. Durante décadas, la arquitectura de estos elementos —especialmente los postes de sustentación con perfiles IPN o UPN— resultó letal por su efecto guillotina frente a usuarios vulnerables como motoristas y ciclistas. Aunque la mitigación física mediante postes tubulares y acolchados ha avanzado, la verdadera innovación proviene ahora de la integración del Internet de las Cosas (IoT) y la Inteligencia Artificial (IA) en esta infraestructura legacy.
Recientemente, he evaluado un sistema de hardware desarrollado en España que transforma estas barreras pasivas en nodos inteligentes de comunicación bidireccional. El dispositivo, que se ancla sobre la propia bionda, opera como un sistema de monitorización del entorno impulsado por algoritmos de IA. Su conjunto de sensores procesa datos meteorológicos y alteraciones en la vía —como vehículos detenidos, colisiones o derrames— en tiempo real. Al detectar una anomalía, el firmware activa una matriz de luces, modulando su intensidad ante baja visibilidad (niebla, humo) o aumentando la frecuencia de destello para advertir a los conductores que se aproximan a un punto ciego, como una curva.
Lo más destacable a nivel de sistemas es su capacidad de telemetría de emergencia: si el nodo detecta un impacto físico, ejecuta un protocolo de comunicación automático para alertar a los centros de control y a las autoridades competentes, minimizando el tiempo de respuesta de los servicios de emergencia. La Dirección General de Tráfico (DGT) ya ha mostrado interés en esta solución, que ha sido galardonada por su innovación. Este avance demuestra que la sensorización del hardware analógico es el siguiente paso lógico en el despliegue de las Smart Roads.