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22.abr.2025
La confianza en el software propietario de Tesla se enfrenta a una crisis de credibilidad técnica tras una demanda colectiva que apunta al corazón de su modelo de negocio: la garantía. La acusación, liderada por el propietario Nyree Hinton, sostiene que los odómetros de la marca no se limitan a medir la distancia física recorrida, sino que operan mediante algoritmos predictivos opacos. Según la demanda, el software calcula el kilometraje basándose en variables como el consumo de energía y el comportamiento del conductor, inflando artificialmente la cifra final.
Los datos presentados son alarmantes desde una perspectiva de metrología. Hinton documentó un trayecto físico de 32 kilómetros que el ordenador de a bordo registró como 116 kilómetros. Las pruebas comparativas con otros vehículos sugieren una desviación sistemática que oscila entre un 15% y un absurdo 362%. Si el odómetro es, en efecto, una simulación algorítmica y no un contador físico directo, estamos ante un caso de fraude técnico diseñado para acelerar la caducidad de las garantías.
Las implicaciones económicas para el usuario son directas: al alcanzar el límite de kilómetros antes de tiempo, Tesla se libera de su obligación de cubrir reparaciones costosas —Hinton tuvo que pagar 10.000 dólares por una avería que debería haber estado cubierta— y fuerza al usuario a adquirir extensiones de garantía. Este caso se suma a controversias previas sobre la exageración de la autonomía de las baterías, dibujando un patrón donde el software se utiliza para manipular la percepción de la realidad del hardware en beneficio del fabricante. Si se demuestra que el código fuente altera la medición de distancia, estaríamos ante uno de los mayores escándalos de ingeniería de la década