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F1Cuando pensamos en la Fórmula 1, imaginamos monoplazas a más de 300 kilómetros por hora. Sin embargo, detrás de cada carrera existe otra competición mucho menos visible. Es la que protagonizan los datos.

Durante un fin de semana de Gran Premio se generan entre 600 y 650 terabytes de información. Para hacerse una idea, hablamos de cientos de miles de gigabytes procesados en apenas un fin de semana y, en el corazón de todo este tinglado, hay una instalación donde se gestionan todos los datos y que se traslada allá dónde se celebra un Gran Premio del mundial de Formula 1.

Para entender por qué es necesaria esta infraestructura hay que conocer el nivel de tecnificación que ha alcanzado este deporte.

Cada monoplaza actual es prácticamente un centro de datos sobre ruedas que cuenta con más de 300 sensores que envían información constantemente. Estos sensores controlan parámetros como la temperatura de los neumáticos, el combustible o la aerodinámica y también proporcionan información fundamental sobre el comportamiento del coche.

Todos esos datos llegan al centro técnico instalado junto al circuito, dónde se reúnen las señales de las cámaras, los micrófonos, el cronometraje y la telemetría y se pasan inmediatamente a los sistemas de cada uno de los equipos.

Ni que decir tiene que, en un deporte en el que la velocidad es el alma de la competición la premura en la transmisión de los datos resulta fundamental y el sistema de la Fórmula 1 puede registrar la posición de un coche con una precisión de cinco décimas de segundo.

Por eso, además los servidores necesitan estar físicamente cerca de la pista con el objetivo de reducir al mínimo el tiempo que tardan los datos en viajar. Ese tiempo, que se conoce como latencia es, términos sencillos, el retraso entre enviar una información y recibirla, y en Fórmula 1, unas pocas milésimas pueden ser importantes para tomar decisiones estratégicas cuyo resultado puede ser ganar o perder una carrera.

El sistema instalado en Madrid tiene además una historia curiosa. El Gran Premio anterior se disputaba en Monza, Italia, y solo siete horas después de terminar aquella carrera, el hardware comenzó su viaje hacia Madrid. Varios camiones, con doble conductor, recorrieron la distancia durante 24 horas seguidas y el equipo llegó a a la capital de España durante la noche del lunes. Los ingenieros tuvieron después que conectar todos los sistemas y realizar las pruebas necesarias.

La infraestructura también ha cambiado mucho con los años. En 2017, todo el centro de datos pesaba unas 250 toneladas y ocupaba 14 contenedores, sin embargo, ahora solo necesita tres contenedores, de manera que la reducción ha sido posible gracias a servidores compactos y a la virtualización de las cargas de trabajo.

Pero los datos no se quedan en el circuito dónde se celebra el Gran Premio. El sistema está conectado con Biggin Hill, en Reino Unido, donde se encuentra el Media and Technology Center y dónde se procesa la información necesaria para producir y distribuir la señal internacional que reciben los espectadores.

En total, unas 300 personas trabajan como un único equipo. Unas 160 están en pista y otras 140 trabajan desde Reino Unido utilizando una conexión que utiliza dos circuitos ópticos independientes de 10 gigabits por segundo y, entre ambos pueden llegar a transportar unos 8,5 gigabits por segundo cada uno. Además, la seguridad es crítica y por ello, la telemetría de cada escudería viaja completamente cifrada.

Ni siquiera los responsables de la infraestructura pueden acceder a los canales privados de los equipos, ya que cada escudería dispone de su propia clave de descifrado dentro de un sistema que funciona en las dos direcciones. No solo recibe información del coche, sino que también puede enviarle mensajes y órdenes, como avisos de los comisarios, información del coche de seguridad virtual o señales relacionadas con el Overtake Mode, el sistema que, desde esta temporada, sustituye al alerón de geometría variable también conocido como DRS.

Así que, mientras los aficionados miramos los adelantamientos y las vueltas rápidas, otra carrera se disputa entre servidores, sensores y redes, en una competición contra el tiempo, la latencia y la enorme cantidad de datos que genera cada monoplaza.

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