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La frenética carrera por el liderazgo en el ámbito de la inteligencia artificial generativa no solo se libra en los laboratorios de investigación y desarrollo, sino también en los tribunales de justicia. Apple ha interpuesto una grave demanda judicial contra OpenAI, acusando a la firma creadora del popular ChatGPT de haberse apropiado ilícitamente de secretos comerciales de incalculable valor y de beneficiarse sistemáticamente de información confidencial sobre el diseño de futuros productos físicos.
Según los argumentos de la denuncia de la compañía de la manzana, varios antiguos ingenieros descargaron abundantes documentos internos de alta seguridad antes de abandonar sus puestos de trabajo para incorporarse a OpenAI. El caso señala a Chang Liu, exingeniero eléctrico de sistemas, quien presuntamente explotó una brecha informática para acceder de manera remota a las redes de diseño confidencial de Apple y descargar planos técnicos de componentes no presentados. La demanda también involucra directamente a Tang Yew Tan, antiguo vicepresidente de diseño de producto para el iPhone y el Apple Watch que ahora lidera el área de hardware de OpenAI. A este último se le acusa de realizar entrevistas de trabajo a ingenieros de Apple con el fin real de sonsacarles secretos de diseño, pidiéndoles incluso que trajeran piezas reales de hardware para analizarlas de forma presencial.
OpenAI ha rechazado categóricamente estas acusaciones, defendiendo su independencia técnica y su compromiso con el progreso científico ético. No obstante, esta batalla legal coincide con el desarrollo por parte de OpenAI de sus propios dispositivos de hardware independientes, como el anunciado Codex Micro, un pequeño terminal programable diseñado para programar de forma asistida mediante algoritmos automáticos. Un juzgado tendrá la difícil tarea de dirimir si existió espionaje corporativo en la cuna de la tecnología.