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Vigilar los movimientos de los empleados en su puesto de trabajo es un concepto tan antiguo como la propia revolución industrial, pero la compañía Meta lo ha llevado a una dimensión completamente nueva gracias al aprendizaje automático. La matriz que controla plataformas como Facebook, Instagram y WhatsApp ha puesto en marcha un polémico programa informático denominado Iniciativa de Capacidad del Modelo, diseñado para monitorizar de forma constante cada clic de ratón y cada pulsación de teclado de sus trabajadores durante su jornada laboral.
El propósito oficial detrás de este despliegue es recopilar datos del comportamiento humano para entrenar y refinar sus futuros sistemas de inteligencia artificial, enseñando a las máquinas cómo resolvemos tareas cotidianas. Sin embargo, esta intensa monitorización ha encendido las alarmas de los reguladores internacionales y de los expertos legales, quienes advierten que el programa viola frontalmente las estrictas directrices de privacidad de la Unión Europea. Según informes destapados por la agencia de noticias Reuters, el sistema captura no solo los movimientos periféricos, sino también los correos electrónicos y mensajes privados entre empleados estadounidenses y europeos, ignorando que el Reglamento General de Protección de Datos de Europa protege con firmeza este tipo de información privada.
Mientras tanto, en el seno de la propia empresa, los trabajadores han expresado un profundo descontento con esta medida intrusiva. A las quejas prácticas sobre el excesivo consumo de ancho de banda del software, que agota rápidamente las cuotas de datos mensuales de sus conexiones, se suma un temor existencial mucho más arraigado: la angustiante sospecha de que están colaborando obligatoriamente en el entrenamiento de los algoritmos que, tarde o temprano, terminarán por sustituirlos y dejarlos sin empleo.