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La historia del software comercial tiene héroes silenciosos que sentaron las bases del mundo digital moderno, y Gary Kildall es indiscutiblemente uno de ellos. Doctorado en informática por la Universidad de Washington, este visionario concibió la programación como un arte meticuloso, un oficio comparable al de un carpintero que moldea madera con esmero. De su taller mental nació el sistema operativo CP/M, la primera plataforma comercial para ordenadores de consumo que se convirtió en un estándar global y que sirvió como base conceptual para sistemas posteriores tan célebres como el MS-DOS y, en última instancia, el propio Windows.
A través de su compañía Digital Research, este inventor demostró que los ordenadores no tenían por qué ser monstruos indescifrables, sino herramientas que debían simplificarse para el ciudadano de a pie. Pero sus aportaciones no terminaron en los sistemas operativos. Con una tremenda visión de futuro, fundó KnowledgeSet, una empresa pionera que exploró el almacenamiento en discos ópticos cuando la tecnología apenas daba sus primeros pasos. Fue el creador de las primeras enciclopedias digitales en formato de disco compacto, como la versión en CD-ROM del libro de récords mundiales. Con ello, sentó los pilares de la navegación multimedia moderna, los hipervínculos y los motores de búsqueda de texto completo que posteriormente imitaría Microsoft con su conocida enciclopedia digital, Encarta.
Aunque algunas de sus predicciones comerciales flaquearon, como cuando pensó que los lenguajes simplificados para microordenadores no prosperarían, un terreno donde Bill Gates y Paul Allen terminaron triunfando con su versión de BASIC, el legado de este pionero es innegable. Su insistencia en que sus estudiantes resolvieran problemas matemáticos complejos sobre papel antes de teclear en las máquinas ayudó a crear códigos más limpios y eficientes. Fue un creador que transformó la pesada mecánica del pasado en la fluida electrónica que hoy da vida a nuestros hogares.